LA COMUNICACIÓN EN TIEMPOS DE IA
Hace unos días les traje el tema de lo que las máquinas ahora pueden hacer por nosotros. Hoy quiero hablarles desde otro punto de vista y poniéndome un poco más emocional, o como ustedes lo quieran ver. En días anteriores, mientras revisaba una campaña con el equipo uno de ellos lanzó el siguiente comentario: “Esto lo habría hecho una IA en la mitad del tiempo…” todos se quedaron callados, no se escuchó una sola palabra, solo sé que hubo un silencio incómodo que existe cuando no hay una respuesta o comentario adecuado. Claro, estamos sintiendo esa presión de que las máquinas avanzan más rápido y cada vez hacen más cosas por nosotros: escriben más rápido, diseñan más rápido, editan más rápido. Pero, ¿sienten? Esa es la pregunta que lo cambia absolutamente todo. En lo que hemos venido conversando sobre la inteligencia artificial, estoy llegando a la conclusión de que estamos viviendo en una era donde esta parece tenerlo todo: eficiencia, velocidad, precisión, etc, etc. Pero hubo algo que me dejó totalmente en shock después de una conversación: “es que la inteligencia artificial ahora es mi psicólogo”. ¿Es en serio que me estás diciendo esto? ¿En serio sientes que estás conectando con una máquina? ¿Te comprende? ¿Analiza tus gestos, tus manos, tus movimientos? ¿Conoce tu emoción, entiende tus lágrimas, sabe cuándo abrazar? Esto me lo voy a seguir cuestionando… No estoy hablando de frases bonitas, libros o música que la IA te pueda recomendar, eso seguro lo hace muy bien. Me refiero a entender lo que le pasa al otro. Conectar con lo que duele, con lo que alegra, con lo que nos mueve como SERES HUMANOS. De saber cuándo hacer una pausa, cuando decir algo o simplemente acompañar en silencio a la otra persona. La IA puede analizar millones de datos para saber qué decir. Pero nosotros, los humanos, podemos entender cuándo callar o cuándo hablar. Ahora, no estoy diciendo que le tengamos miedo a la tecnología o que la satanicemos, todo lo contrario. La tenemos que usar todos los días, porque jugamos con ella, probamos sus límites y siempre queremos saber hasta dónde llega. Pero siempre tengamos presente que no puede hacerlo todo sola. Que necesita de nosotros para tener alma. Y es ahí donde la comunicación emocional cobra más sentido que nunca. Cada que entro a redes sociales me doy cuenta que estamos en un mar de contenidos generados por IA, pero en esta infinidad, los mensajes que siempre logran sobrevivir serán los que digan algo real, los que no suenen escritos por una máquina. Los que abracen, sacudan, incomoden o inspiren. Los que se sientan humanos. Para que vayamos cerrando solo me queda recordarles algo: el trabajo que tienen las agencias no es competir con la inteligencia artificial, lo que debemos hacer es usarla para hacer mejor lo que tanto nos inspira: COMUNICAR. Pero ahora con más inteligencia, con más rapidez y con más corazón. Porque, al final, en un mundo donde todo parece programado, lo verdaderamente valioso será aquello que no puede imitarse: lo humano. Ese instinto creativo. Esa risa en medio de mil reuniones. Esas lágrimas que se escapan en momentos de estrés. Ese mensaje que nos llega del cliente diciendo: “Esto era lo que necesitaba”. Este es un tema que tiene mucha tela para cortar, estoy convencido de que ustedes me van a seguir acompañando, así que esperen un siguiente blog, les prometo que las anécdotas nunca van a faltar.
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