HOLA CHAT, HAZME MÁS CREATIVO Y DAME EL CRITERIO DE DISEÑADOR SENIOR…

Nadie nos obligó, nadie llegó con un arma al cuello del departamento creativo diciéndoles que usaran Claude para el próximo pitch. Fuimos nosotros, con toda la voluntad del mundo y una mezcla de curiosidad, pereza y presión de entrega, quienes le cedimos el teclado.

Y eso está bien, el problema no es haber dejado entrar a la IA, es no haber decidido todavía qué rol le damos dentro de la casa.

 
La trampa más cara de la industria no es la IA. Somos nosotros.

Hay una conversación que se repite en agencias, estudios y salas de reunión del mundo entero: “¿Nos va a reemplazar la inteligencia artificial?” Es la pregunta favorita de los paneles de conferencias, de los artículos de LinkedIn y de los clientes que quieren hacer más con menos.

Pero hay una pregunta más incómoda que nadie hace en voz alta: ¿Ya nos estamos reemplazando solos?

Cuando un creativo usa IA para generar 40 opciones de concepto en 10 minutos y elige la primera que “suena bien”, no está usando una herramienta. Está subcontratando su criterio. Y el criterio, en caso de que nadie lo haya dicho últimamente, es la parte que nos pagan.

Lo que la IA hace bien. Y lo que definitivamente no.

Seamos claros: la IA es extraordinariamente buena en cosas que a los humanos nos cuestan tiempo y nos agotan, como sintetizar información, proponer variaciones, generar copias adaptadas por canal, tono y formato, procesar data y hacer en segundos lo que antes tomaba horas de trabajo mecánico. 

Lo que la IA no tiene, y no va a tener pronto, es historia personal. No tiene la vergüenza de haber fallado un pitch que importaba, no conoce el olor de una oficina un lunes después de un fin de semana de crisis con un cliente y no sabe lo que es defender una idea en una sala donde nadie quiere escuchar.

La IA no tiene contexto cultural propio, solo tiene el contexto que le damos, y si lo que le damos es mediocre, lo que nos devuelve es mediocridad con mejor gramática.

 
Entonces, ¿cómo deberíamos relacionarnos con ella?

Aquí es donde Pombo tiene algo que decir, y no es para quedarnos en el diagnóstico bonito.

Primero: trátala como a un junior talentoso, no como a un oráculo.

El error no es pedirle ideas a la IA, es no editarlas, no cuestionarlas, no llevarlas más lejos. Un junior brillante te da material en bruto, pero tu trabajo es transformarlo. 

Segundo: protege el proceso, no solo el resultado.

La parte más valiosa del trabajo creativo no es el artefacto final, es el pensamiento que lo produce. Si delegamos el proceso completo a la IA, en algún punto dejamos de saber por qué algo funciona, y cuando algo no funciona, tampoco sabremos arreglarlo.

Tercero: sé honesto con el cliente sobre cómo trabajas.

Este es el punto que más incomoda y por eso es el más importante. La transparencia sobre el uso de IA no es una confesión de debilidad, es una demostración de profesionalismo. Los clientes que entienden el proceso confían más en el resultado.

Cuarto: la IA amplía tu capacidad, no la reemplaza.

Si antes podías hacer 5 propuestas creativas en una semana, ahora puedes hacer 15. Eso no significa entregar más cantidad por el mismo precio, lo que significa es que puedes explorar más, fallar más rápido, llegar a mejores ideas con más información. Úsala para subir el estándar, no para abaratar el proceso.

El creativo del futuro no compite con la IA. La dirige.

El músico no desapareció cuando llegaron los samplers; el fotógrafo no murió con el filtro de Instagram; el contador no se fue a casa cuando llegaron las hojas de cálculo. Lo que sí desaparece, en cada uno de esos casos, es el profesional que no supo adaptarse, no el que usó la herramienta nueva, sino el que dejó que la herramienta lo usara a él.

La IA no va a reemplazar a los creativos, pero si va a reemplazar a los creativos que no sepan qué hacer con ella, y la diferencia entre unos y otros no es técnica, es de criterio, de punto de vista, de capacidad para defender una idea cuando nadie más la ve todavía.

Eso es exactamente lo que lleva tiempo construyendo, que ningún modelo de lenguaje, por muy bueno que sea, lo genera en un prompt.

En Pombo sabemos que las herramientas cambian. Lo que no cambia es la responsabilidad de pensar bien. Si quieres conversar sobre cómo tu marca puede navegar en este momento sin perder la cabeza ni la voz, ya sabes dónde encontrarnos.